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El futuro es uno de los ejes principales de nuestra existencia. Aunque frases como “vive cada día como si fuese el último” suenen bien y pueden ser motivadoras, vivimos pensando en que hay un mañana. Planificamos qué es lo que haremos esta semana, cuáles son los propósitos para el nuevo año, qué vida queremos para cuando nos jubilemos, qué nos gustaría darles a nuestros hijos. Así también postergamos, pero eso es para otro artículo.

La cuestión es que es que el futuro es algo en lo que inevitablemente pensamos y que muchas veces nos genera ansiedad. Por eso debemos recurrir a diversas herramientas que nos brinden seguridad. Adquirir un seguro de vida es invertir en tranquilidad. Es un colchón económico con el que contamos para el futuro que deseamos y que nos protege frente situaciones inesperadas. Nadie quiere pensar en eso, pero ahí está. 

Un seguro de vida te cuida a ti y a otras personas que dependen de tus ingresos, pase lo que pase. Los hay de distintos tipos y con distintas particularidades, pero se pueden dividir en dos grandes categorías: a término y permanente. 

Seguro de vida a término

Es una cobertura que se extiende durante un período de tiempo predeterminado. La duración de la póliza es decidida entre tí y tu asesor, basándose en las necesidades personales u objetivos puntuales. Por ejemplo, puedes querer garantizar la educación de sus hijos o que estén cubiertos económicamente hasta que tengan edad para independizarse. Pasado el período de tiempo acordado, tienes la posibilidad de renovar o no dicho seguro. La más solicitada hoy día es la de 20 años. 

Seguro de vida permanente

Si lo que buscas es seguir obteniendo protección, aún cuando cuentes con activos que brinden protección económica a tu familia hasta el momento de retirarte, el seguro de vida permanente es ideal, ya que no vence dentro de un período de tiempo específico. Además tiene funciones de ahorro muy interesantes que va a depender del tipo de seguro permanente que elijas.

Pensar en qué seguro necesitamos es pensar en nosotros y en quienes nos rodean. ¿Cuáles son mis prioridades? ¿Qué quiero para el futuro? ¿Qué es lo más importante para mi? ¿Qué respaldo económico quiero y puedo darles a mis seres queridos? Son algunas de las preguntas que debes hacerte. Lo más importante es haber tomado la decisión. Felicitaciones, puedes dormir tranquilo.

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